La historia interminable... una historia de pasiones

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He estado leyendo, para distraer el espíritu, la historia interminable (conocida por aquella peli ochentosa como la historia sin fin). Descubrir y redescubrir una historia que nunca se acaba porque es la historia misma de los sueños, de las dudas, de la incertidumbre, de los medios ha sido fantástico, maravilloso: una lectura que invita a la aventura. Pero, más allá de ser un texto maravillos, más que para niños, para adultos, para aquellos que dudamos o no nos creemos las cosas maravillosas que deseamos y que se cumplen, me maravilla uno de los primeros textos que aparecen en él, que como todo texto mágico se parece mucho a la vida. Endel nos cuenta sobre la pasión... esa palabra abstracta que sólo se materializa cuando estamos vivos, cuando reímos, cuando amamos, cuando nos entregamos y luchamos para alcanzar un sueño, una utopía, algo que quisiéramos que fuese verdad:

Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejar llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuántos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el muendo durante toda su vida. Y unos pocos no desacan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.



Yeugenia Nayberg

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El odio se hace de dudas?

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D
esesperadamente te busco y rebusco entre cien
mil cigarros.
Hoy no sé cómo Encontrarte, no sé dónde has dejado tiradas esas ganas tuyas, tan extrañas, tan cercanas, tan mías.

Cómo combato tus silencios?
Cómo me adentro en tus misterios?



Cómo desentraño ese ser mítico en el que te me has convertido?
Por qué tienes tantas respuestas en mi espera?
Por qué mis preguntas deambulan por el cielo?

Hay demasiadas dudas en mí, demasiadas mujeres en ti, demasiado pasado.
Hay tantos códigos extraños que te inventas historias, te cuentas distinto,
te reinicias en tus misterios.
Terminaré por odiarte, juro que terminaré por odiarte.

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Juan Esteban GRACIAS

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Mi querido Juanito, mi amado compatriota... GRACIAS.
Gracias por tu mensaje de PAZ, gracias por tu mensaje de solidaridad, gracias por la VALENTÍA, gracias por tu PERSEVERANCIA, gracias por hacer posible que la dulzura de tu música llegue a todos, de tu música comprometida, un sólo compromiso, un compromiso de todos, el único compromiso posible: LA PAZ.
Juanes, mi hermano, mi compañero, mi paisano, mi compatriota, GRACIAS...
Ya demasiado miedo tenemos en Colombia para escuchar y seguir a los pajarracos de mal agüero de Miami.
Hermano usted ejerció uno de las mayores libertades del ser humano, siguió su razón y su corazón. Mil veces, hermano, mil veces, GRACIAS.

Yo le pido a Dios que haya más cantantes como vos.




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Acumulando adioses

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Se me acumulan las tristezas en el alma, se empozan poco a poco,
es tumultosa la despedida,
de lágrimas, ya no transparentes, sino negras.

Digo adiós,
y no sé cómo matizar la tristeza,
pero quiero desaparecerme detrás de otras,
no ser ya parte de mí,
tópico típico,
pero es que la tristeza es eterna, aturdidora, cotidiana, verdadera.
No me quiero ir, no me quiero despedir;
esto es como una pequeña muerte, chiquitita,
berraca, interna, mínima e insignificante.

En el adiós se me queda el pañuelo para el llanto,
en el adiós se me quedan el maquillaje y los zapatos,
en el adiós se me quedan las maletas y las horas.
En el adiós se me destroza el estómago, el espíritu, la lluvia, el sol y las manos.

Los brazos se quedaron adheridos a tu piel, a tu olor,
mi chaqueta se quedó impregnada de tu mirada,
me llevo tus ojos, a ese lugar
donde nunca más estaré...

Los brazos se los dejé a aquella nube pasajera,
en la que fue mi felicidad.

Me devuelvo sin brazos, sin piernas, sin cuerpo y sin cara.
Inoportunamente regreso sin mí.


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Estoy de Caos por Caracas

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Qué ciudad tan extraña.
Pero me gusta.
Nada que ver con la gris Bogotá de mis tormentos,
ni con la amurallada ciudad en la que nací.

Caracas es carísima, no tiene servicios, es peligrosa (más que Bogotá en sus malos tiempos), hay una cosa extraña que llaman "motorizados" o "mototaxistas", media Colombia vive en las montañas de Caracas (lo que de verdad no me da ni un poco de orgullo), los semáforos no sirven, cualquiera te mete carreta con los precios, no hay dólares sólo bolívares fuertes, todas las calles tienen "huecos", los rincones históricos son eso... rincones, los feriantes son colombianos, hay "malandros" (me encantó esa palabra, hasta musical es), hay un tráfico de muerte, nadie llega nunca a la hora, la gente vive asustada, nadie camina en las noches, la basura adorna las calles, pero, pero.

Caracas es caóticamente hermosa.
No sé como le haré pero a Bogotá no quiero volver.


Caracas es amarilla, roja apasionada, azul celeste, es color cielo, es naranja, a veces marrón, es verde limón, es mandarina y parchita, es de coco y guayaba, de patilla y mango, de "perrito caliente" en la calle (justo al lado de una alcantarilla) y arepa en la madrugada, de hallaca callejera y pastelito en la vía.

Caracas suena, huele, vive, camina, corre, canta, se desintegra, desaparece, aparece, asusta, besa, abraza, restriega, toca, silba, reza, cuenta, llora y protesta, bebe y come. Caracas te enferma de vida, de velocidad,
de alegría y hasta de lágrimas.


Ni pensar en cómo vestirse, nunca se sabe si lloverá o no, nunca se sabe si el sol se mantendrá por mucho tiempo o se desatará una lluvia eléctrica, si ese frío repentino se mantendrá por segundos, minutos u horas; Caracas es impredecible, Caracas es maravillosa como la vida, impredecible y misteriosa.
Cómo se puede vivir sin Caracas!!!!



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Estoy de caos por Caracas

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Estoy de visita en un ciudad en la que los atardeceres se amontonan en los ojos, te nublan el entendimiento y los colores se sienten en la piel...

Camino por una ciudad en la que la suave brisa, de un tiempo horario descoordinado, todavía le da tiempo de abrazarme en medio de un parque absurdo en el centro del caos.


En Caracas la luna es más redonda, unos dicen que es de pan de horno, quizás esta noche pueda morderla... las estrellas son de azúcar, el mar, al toque de una autopista ofídica, sabe a historia, huele a recuerdos y a tragedia, y unos castillos centenares y una elegante casa vasca te cuenta la historia de la colonia...


Estoy entre una montaña indígena, que arropa, arroja y refugia una modesta dignidad.

Estoy en una ciudad que entre motos y locura te sueltan un te amo.
Estoy en un mundo de risas, niños, desorden, amor y caos.

Estoy en universo de mezquitas misteriosas, iglesias grandilocuentes, museos olvidados, catedrales humildes, teatros sorprendentes, palacios abandonados y "ranchitos" mormones.

Estoy en una ciudad en la que todos los amores son de todos, todas son las madres de todos,
todos son los amigos de todos, los enemigos, los tuyos y los míos, todos somos de todos.

En Caracas aprendí: a nombrar y a mentar. Aprendí que reirse solo es una fortuna de muchos,
que el caos es un regalo para la libertad; que vestirse o desvestirse es un problema absolutamente mío y de los mirones descarados y que en cualquier estación de metro me asalta una sonrisa, una miseria, un canto, una grosería y una abuela rapera que canta sus miserias con alegría de millonaria.

Estoy descubriendo que el realismo mágico tiene nombre, apellido, rostro, saludo, edificios, flores, olores, tierra y sabores.

Estoy en el medio de una ciudad en la que tomar fotos está prohibido, tomar en la calle permitido y orinar en una esquina permitido, ir de putas y bares es todo una aventura y en la que caminar en la noche es una película dolorosa y aterradora.

Estoy de visita en un mundo distinto de cuyo romántico caos no quiero despegarme,
mucho menos olvidarme: Caracas...


(*no puedo tomar fotos en la plaza frente a mi hotel (la policía de Chacao no lo permite)

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Más de surrealismo

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Estoy en Venezuela. Vine por motivos de trabajo. Hoy tenía la firme intención de permanecer en mi habitación de hotel enganchada a los acontecimientos sobre la situación de Honduras. Lo veo y no lo creo. Más surrealismo político.

Bajo un momento a la cafetería del hotel y escucho que lo mismo debería ocurrir acá en Venezuela. No me meto, sólo escucho. No entiendo cómo los seres humanos pueden juzgar con tanta irresponsabilidad un hecho terrible de irrespeto a los valores mínimos de la democracia, no perfecta, siempre caótica, siempre azarosa, pero democracia al fin.

No me creo lo que escucho de un grupo de señores de muy bien ver, todos venezolanos: -acá debería ocurrir lo mismo y cuenta que recibió en su móvil un chiste en los que se pedía tener militares como los hondureños. Me lleno de estupor. Esta gente no sabe lo que es vivir en guerra, no los critico, soy invitada a un país hermano, pero me horrorizo. Un canal local de Venezuela señala que no hubo golpe de estado. Se llama Globovisión... y mi estupor llega a más y me pregunto: ¿qué se necesita para que haya un golpe de estado?

Mis abuelos vivieron la violencia que siguió al asesinato de Gaytán, recuerdo las escenas, que como a García Márquez, también me contaba mi abuela, imágenes surrealistas, caos, aproximaciones insólitas, estupor, miedo... terror que todavía no se borra de la mente de millones de colombianos. Qué bueno es vivir en Venezuela, no tienen idea de lo que de verdad implica un golpe de estado -pienso- será que eso desean para su país: más violencia? En fin, no estudié ciencias políticas, no tengo ni idea, pero yo sí que le tengo terror a los militares, más si disparan a la población civil sin importarles de qué color son las camisas que llevan....

No contesto a la pregunta, sonrío y huyo... antes las balas, ante la injusticia soy una cobarde, no sé como lidiar con estas cosas... tampoco sé cómo lidiar con estas cosas.
..
Tengo un catalejo...

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Siempre Ismael... con Casandra

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Como Casandra, a veces espero, a través de la verdad,
conseguir a aquél que me escuche...
Ya, como ella, no quiero Apolos perfectos,
sólo quiero un poco de verdad...
Creer y que me crean...
Alguién escuchará?

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Sin...

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Al filo de la vida: la cabeza.
Y, ya hace tanto ruido que no me escucho los pensamientos.
Será que toca afilar más?

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