He estado leyendo, para distraer el espíritu, la historia interminable (conocida por aquella peli ochentosa como la historia sin fin). Descubrir y redescubrir una historia que nunca se acaba porque es la historia misma de los sueños, de las dudas, de la incertidumbre, de los medios ha sido fantástico, maravilloso: una lectura que invita a la aventura. Pero, más allá de ser un texto maravillos, más que para niños, para adultos, para aquellos que dudamos o no nos creemos las cosas maravillosas que deseamos y que se cumplen, me maravilla uno de los primeros textos que aparecen en él, que como todo texto mágico se parece mucho a la vida. Endel nos cuenta sobre la pasión... esa palabra abstracta que sólo se materializa cuando estamos vivos, cuando reímos, cuando amamos, cuando nos entregamos y luchamos para alcanzar un sueño, una utopía, algo que quisiéramos que fuese verdad:
Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejar llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuántos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el muendo durante toda su vida. Y unos pocos no desacan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.







